Frente al abanico de problemas económicos que empezamos a enfrentar con la actual pandemia vuelve a ponerse sobre la mesa la dolarización, una salida de emergencia que se consideró, adoptó y se evalúa en momentos de turbulencia económica en varios países de América Latina.
El economista norteamericano Steve Hanke, profesor de la Universidad Johns Hopkins, ha insistido varias veces que lo que debe hacer Colombia es olvidarse del peso y dolarizar la economía. “(…) Además de ser un desestabilizador destructivo, el peso es un perdedor a largo plazo. Por esta razón, los colombianos prefieren los dólares”, escribió en la revista Forbes.
Tiene razón y el peso puede ser un perdedor a largo plazo, pero “¿cuáles son las razones?”, se pregunta y responde de inmediato el economista Daniel Niño Tarazona, fundador de Pyxis Analytics, una firma especializada en big data económico.
“La tasa de cambio refleja lo improductivos que somos, lo absurdo de nuestros costos laborales y nuestra baja tecnificación, poca diversificación y nula diferenciación productiva, y eso no lo corregiría una dolarización”, afirma.
Pero Hanke insiste en que, como sucede con la mayoría de las monedas de los países latinoamericanos, “el peso colombiano sube y baja como un yoyo, pero a largo plazo tiende a debilitarse”, y recuerda que desde agosto de 2014 hasta julio de 2019 nuestra moneda perdió un 45 por ciento de su valor con relación al dólar.
Que “los países que están oficialmente dolarizados generan tasas de inflación más bajas, menos variables y tasas de crecimiento económico más altas y estables que países comparables con bancos centrales que emiten monedas domésticas” y que la dolarización, por lo tanto, es deseable.
Menciona entre los ejemplos exitosos a Ecuador y Panamá. El primero dolarizó cuando atravesaba una crisis profunda, con una hiperinflación del 106 por ciento en el 2000, que hoy es del 0,5 por ciento anual
Panamá, al adoptar el dólar como moneda en 1903, entró a hacer parte del bloque del dólar y anuló los riesgos cambiarios, las posibilidades de crisis en el sector y mitigó las eventuales crisis bancarias “porque el sistema bancario de Panamá está integrado al sistema financiero internacional”, dice Hanke.
Si Colombia adoptara la dolarización, lo que sucedería, en su opinión, es que las personas en lugar de llevarse el dinero a Miami lo dejarían aquí porque, con la economía dolarizada, no existirían riesgos, las tasas de interés serían menores y los préstamos y las hipotecas, mejores porque la economía sería más estable.
Pero la historia de Grecia con el Euro demuestra todo lo contrario, según Niño. “Tan pronto se vino la crisis y no hubo forma de tener colchones ni ajustes a través de la tasa de cambio dado que la moneda era el euro, los grandes capitales se fueron ante la amenaza de que la quiebra del país supusiera tener que salir del euro.
“Fue gracias al Fondo Monetario Internacional y al Banco Europeo, y no a la dolarización, que los bancos en Grecia no se quebraron, tuvieron liquidez para afrontar ordenadamente los retiros, se condonó un altísimo porcentaje de la deuda externa y Grecia, que perdió varias generaciones de avances económicos, no terminó peor que la Venezuela de hoy.
“Pero la peor parte de esa factura la pagaron los trabajadores sin empleo y frente a salarios que eran similares a una devaluación, tal vez 50 por ciento, 70 por ciento o más menores”, resalta Niño.
Fuente: Eltiempo.com